Como si fuera a comprarme un vestido me dedico a probar historias para ver cuál me queda mejor. De esta forma he inventado una serialidad nueva, la de ir enlazando episodios piloto de aquí y allá sin el menor miedo a confundir personajes, tramas y premisas. Así paso de Alcatraz a Touch y luego a Luck y después a The river (la práctica del inglés empieza con el título).
Descarto Alcatraz por muy J.J. Abrams que sea, por plana y previsible, dos oportunidades y a la segunda la vencida. Si esperan que me trague como recuperan los 300 presos desaparecidos por arte de magia en 1963 y de vuelta a las andadas en la actualidad van listos. No funciona la trama de atrapar cada episodio a uno y menos la explicación que intentará relacionar pasito a pasito y muy despacio todo el lío. No me espero. Me quedo, eso sí, con la solución silenciosa y visual de presentar al primer preso que atontado deja una celda, se suma al grupo de turistas que visita la isla y sube al ferry. A través de él, que roba una minuciosa guía de la prisión vemos que es la misma persona que fue encarcelada en los 60, 50 años antes, bravo por esa escena y también por los flashback, la única herramienta narrativa que todavía sigue funcionando a la manera de siempre. Pero eso y nada más.
Después me voy a las carreras con Michael Mann y me hago un lío espantoso con la trama de Luck, me agobio pensando lo mal que está Nick Nolte (no actuando sino de aspecto), Dustin Hoffman me confirma que la televisión es ya la reina, y me pirro por unas carreras filmadas de forma brillante, tanto que estoy con el caballo y no con el jinete. Pero sigo y sigo perdiendome con el diálogo hasta que me doy cuenta de que algunas de las series que más admiro también tenían un principio árido y complicado, así que me apunto darle una oportunidad, no sería menos sabiendo que tiene el sello de HBO y que retrata un mundo corrupto de apostadores e hipódromos en el que se cuajará una venganza.Y sigo con Touch, creada por Tim Kring (autor de Heroes) y con Kiefer Sutherland haciendo de padre de un chico que no puede comunicarse pero capaz de ver las conexiones invisibles que hay entre todos los seres humanos, descifrarlas y precedir consecuencias. Un lujo poder ver algo en el que todo está explicado y todo tiene sentido, con su planteamiento, su nudo, su desenlace y un misterio que permanece pero que no hace sombra a la historia. Interesante también será ver como responde el público a una serie con un marketing diferente ya que más que el piloto se trata de un pre-estreno pues los siguientes capítulos no se verán hasta entrado marzo.
Para el final la gran búsqueda de The river que viene a ser lo que ha sido la televisión americana del último par de años: la búsqueda de un nuevo Perdidos y el intento de Spielberg de marcar con su nombre mil y un productos. Pero sabes lo que te digo que eso lo dejo para mañana. Así que piensa que el final de esta entrada es como un piloto. Mañana o cuando se tercie más. Que hay mucha tela que cortar y yo tengo mucho que planchar.
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